Mi diagnóstico llegó después de años de dar vueltas y vueltas de psiquiatra en psiquiatra.
Empecé con una depresión posparto muy fuerte al dar a luz a mi hijo mayor y desde entonces mi vida se volvió un huracán de altibajos que nadie supo ver ya que sólo acudía al psiquiatra cuando tenía episodios depresivos.
Yo no entendía cómo podía estar tan llena y rebosante de energía y de repente caer en el pozo más amargo y oscuro que jamás había conocido. Pero lo que si tenía claro es que detrás de una etapa, siempre llegaba la otra.
Después de años muy difíciles llegó el diagnóstico, trastorno bipolar, y para mí más que una etiqueta o un golpe duro, fue muy liberador.
Sentía que no estaba «loca», que no era «rara», que no me lo estaba imaginando, que no tenía que resignarme a vivir así, por fin le podía poner nombre y entendí que había personas que sentían y vivían lo mismo que había estado pasando yo, fue un gran alivio para mí.
✨Vivir con bipolaridad a menudo se siente como una montaña rusa emocional, pero se ha comprobado que una rutina constante es un ancla que la mantiene estable.
Se trata de pequeños hábitos que evitan que los cambios de humor de cada episodio te arrastren. Desde la hora de irte a dormir, de levantarte o incluso las comidas sean referentes en el día a día y te ayuden a mantener el equilibrio.
Esos hábitos pueden ser:
• Despertarse a la misma hora cada día al igual que irte a dormir.
• Llevar una alimentación equilibrada, la nutrición afecta directamente al estado de ánimo.
• El movimiento, ya sea pasear, hacer yoga o algo de deporte es una gran herramienta para controlar la ansiedad.
• Tiempo para uno mismo, ya sea a través de algún hobby como pintar, leer o simplemente permanecer en silencio meditando.
• Tomarse la medicación a la misma hora da estabilidad y seguridad.
¿Cuáles son vuestros hábitos para manteneros estables?
Pues sí y no porque depende mucho de la situación de la persona.
Yo tengo un trabajo muy vocacional que he disfrutado mucho desde siempre y por suerte puedo seguir realizándolo con normalidad y eso me ha ayudado mucho en todo este proceso.
Pero no siempre ha sido tan bonito, he necesitado varias bajas en el trabajo cuando he estado en depresión, mientras estaba sin diagnosticar.
Hay personas en cambio que no pueden continuar trabajando, ya sea por los episodios maníacos o por la depresión y obtienen el 33% de discapacidad o la incapacidad laboral total.
Con esto quiero decir que no debemos compararnos con los demás porque cada persona somos un mundo y cada uno lleva el trastorno bipolar de diferente manera. Si estás atravesando una crisis o estás de baja en el trabajo, tómate el tiempo que necesites, ese tiempo es para tí, para tu recuperación, para volver con más fuerzas, ya retomarás tu vida normal cuando todo pase, porque a pesar de todo esto, podemos llevar una vida lo más normal posible.
Si quieres compartir tu experiencia estaré encantada de leerte y gracias por llegar hasta aquí.
Al principio de empezar con el tratamiento y conseguir la ansiada eutimia tengo que reconocer que empecé a sentir que estar así era aburrido.
Pensé que la estabilidad era aburrida, sentía que me faltaba algo, echaba de menos la sensación tan placentera de la hipomanía, hasta que comprendes el daño que hay detrás de cada manía o hipomanía.
El daño que nos causamos a nosotros mismos y muchas veces a nuestros seres queridos. Dañamos nuestras relaciones, nuestras amistades, nuestra economía, nos ponemos en riesgo y tantas y tantas cosas más.
Cuando estás en medio del caos, ya sea en manía o en depresión parece imposible conseguir calma y ansiamos la eutimia pero una vez conseguida nos puede parecer insulsa.
Cuando consigues llevar tiempo en eutimia empiezas a comprender poco a poco que no es aburrido, es calma, es paz, es no vivir con tantos altibajos, es estabilidad y eso compensa todo, llevar una vida lo más normal posible merece la pena.
En mi caso cuando he tenido las mayores crisis han sido crisis depresivas, períodos en los que no tenía ganas de nada, perdí el interés por todo, incluso perdí la ilusión por la vida.
Creo que si algo me mantuvo aquí fue el amor por mis hijos y por mi familia, pensar que se quedaran solos sin mí y el dolor que eso les supondría me hizo seguir en este mundo.
Pero el diagnóstico llegó después de una crisis maníaca y ahí llegó para mí una liberación.
Tengo que decir que no todo fue tan bonito desde el principio, sí, fue liberador pero también fue un shock, no podía creer que yo tuviera una enfermedad psiquiátrica grave, ¡trastorno bipolar nada más y nada menos!, cuantas veces por mi trabajo había oído hablar de ello y había tratado con pacientes psiquiátricos y ahora verme al otro lado siendo yo la paciente fue difícil de digerir.
Estuve un tiempo en el que pasé un período de duelo, porque empecé a sentir que no sabía lo que era real y lo que no.
Me perdí.
No sabía distinguir lo que había sido real de lo que estaba producido por la enfermedad y por los síntomas psicóticos.
Empecé a analizar las cosas que me habían pasado en los últimos años y ahí fue cuando me di cuenta de que quizá lo que yo había considerado normal cuando pensaba que estaba «contenta» eran síntomas de las manías y las hipomanías.
Yo siempre he sido una persona muy espiritual, pero de repente pasé a no saber distinguir que había sido real y que habían sido síntomas psicóticos. Yo estaba convencida de que muchas cosas que había sentido habían sido reales cuando en realidad eran delirios.
Esto me dejó con una sensación muy grande de vacío, era como no saber realmente quién era, quién había sido y quién iba a ser a partir de ahora.
Necesite tiempo para recomponerme y volver a poner equilibrio en mi vida, quedarme con lo quería mantener y dejar ir lo que no.
Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leerlo.